La escuela de matar de DaeshAbderhaman, con solo 9 años, aprendió a cortar cabezas.

La infancia es la primera víctima de los difíciles tiempos que le esperan a Oriente Medio.

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Abderahman no ha cumplido aun los diez años pero ya sabe cómo se mata a una persona. “Me enseñaron a degollar. Con libros. Tenían dibujos explicando cómo se hace”. Daesh tenía una escuela de matar en su pequeña ciudad, Qayyara, liberada ahora por la coalición internacional.

El pequeño perdió el brazo derecho durante los bombardeos norteamericanos, que eran parte de la ofensiva internacional de desalojo de los terroristas de la vecina Mosul, De un lado o de otro, los civiles de toda la histórica región de Nínive están expuestos a la violencia, a la huida. Obligados a llevar a cuestas estos traumas y amputaciones, en el cuerpo y en el alma. El pequeño lleva en el muñón una venda blanca recién puesta que le llega casi hasta el hombro y después de que su padre le dé permiso, relata tímidamente su experiencia con frases que congelan el corazón de los que escuchamos:  “Nos enseñaban a cargar armas y a poner bombas”. ¿Y querías estar allí?. “No, pero cuando dije que me iba, dijeron que me matarían”.

Abderraman solo recibió adoctrinamiento durante dos semanas. Tuvo suerte. Su padre lo rescató. Imposible verificar qué pasó en este lugar bajo los dos años de ocupación de Daesh, pero uno puede hacerse a la idea al ver algunas fosas comunes llenas de cuerpos, todos decapitados. Sin duda, una buena razón para persuadirles de “ir a la escuela”.

La madre del pequeño no quiere fotografías, pero nos cuenta retazos para que nos hagamos una idea intensa y rápida: “Sabes, esos terroristas cogieron a un niño aquí de los vecinos, de la edad de éste”, dice señalando a un niño pequeño, de cuatro años, “y le dispararon una bala en la cabeza”. ¿Por qué? “Porque estaba agitando una bandera iraquí. ¿Imaginas?”.

Los menores son una prioridad para el Daesh y el futuro de su califato. La prueba son los vídeos de propaganda grabados en las escuelas que hasta ahora se sabía que existían en su bastión, Raqqa, y en otras ciudades sirias. En ellas les reclutan y reciben adoctrinamiento ideológico y militar. Les convencen o les obligan a convertirse en kamikazes. Vulnerables, manipulables, se convierten en un perfecto blanco para los terroristas. En la pantalla aparecen felices, abrazando a los guerreros del grupo, cocinando, rezando y participando en entrenamiento físico y armamentístico. En muchas otras ocasiones, los menores ejecutan a prisioneros en propagandas salvajes e inimaginables, no aptas para audiencias sensibles.

Ahora que Daesh está de retirada, el sufrimiento de los niños no ha terminado. Desde que comenzó la escalada de violencia, más de 2,67 millones de personas han tenido que dejar sus casas en esta zona, según Save the Children. La mitad, niños. La mayoría de familias ha huido a campos relativamente seguros, en la zona bajo control kurdo. La mayoría están a rebosar. Pero en el norte y centro de Iraq, miles de personas buscan aún refugio en mezquitas, escuelas, parques o iglesias. Cientos de niños ya no van al colegio, bien porque no están en su ciudad, bien porque sus aulas se han convertido en dormitorios improvisados.

Publicación

13 de diciembre, 2016

Créditos

  • ReporteraMayte Carrasco
  • GuiónNoelia Cañas
  • MontajeDavid Santamaría

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