Explotadas por amorTenían a su príncipe azul…o eso creían

Seducen, conquistan y enamoran a las niñas. Son los padrotes, los “chulos” de México

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Salen a cosechar mujeres. Los padrotes huelen a sus víctimas como sabuesos, niñas inocentes que caen en su trampa y son obligadas a acostarse con más de 40 hombres al día.

Generalmente no emplean la violencia. Les basta con la plática para engañar a dulces muchachas enamoradas. “Verbo mata carita”, es la máxima de los padrotes, estos particulares proxenetas mexicanos que prefieren enamorar a sus víctimas en lugar de recurrir al secuestro. Hablamos con Karla y Neli, dos jóvenes que siendo adolescentes cayeron en sus engaños. Hoy son libres para denunciar ante las cámaras de Sin Filtros el horror padecido durante su cautiverio. “La explotación del alma”, como aseguran los expertos.

Neli tenía 18 años cuando fue al cine por primera vez. La llevó su primer novio, Álex, un chico de 25 años, que pocos días antes se le había acercado en el parque. Salían a comer, le “hablaba bonito”, le prometió un futuro juntos. En apenas dos meses se fue con él. Pero algo empezó a cambiar. Un día le dijo que tenía problemas económicos y que necesitaba su ayuda: “Igual que yo he dado mi vida por ti, ahora la tienes que dar tú por mí”. Ni se llamaba Álex ni era constructor, como le afirmó en un principio. Tampoco quería pagar sus estudios ni casarse con ella.

“Me pegaban con cadenas, palos y botas texanas cuando no traía suficientes pesos. Si no haces esto vamos a matar a tu mamá, me decían”, relata una víctima de los padrotes.

Su novio era un padrote de Tlaxcala, que siguió con ella el modus operandi habitual  con el que estos “chulos” mexicanos cazan a sus víctimas.

“Unos venden fruta, otros carne… y otros mujeres, son nuestra mercancía”, asegura Enrique, miembro arrepentido de un clan familiar de padrotes. Muchas veces es el abuelo  el que inicia en la prostitución, incluso, a las niñas de la familia; tradición que continúa el hijo y perpetúa el nieto. Los niños en México quieren ser padrotes.

Su testimonio refleja hasta qué punto los padrotes operan con total impunidad en tierras aztecas. Expertos y miembros de la sociedad civil, que combaten esta lacra ante la pasividad de las autoridades, aseguran que estos proxenetas son personas normales que se han iniciado en un execrable negocio dentro de un marco de naturalización de la violencia omnipresente en México. La narcocultura mexicana ha dado paso a la cultura del padrote.

Un equipo de Sin Filtros se adentra en el municipio de Tenancingo, considerado cuna de padrotes y el corazón de la trata de mujeres en México. Acompañados de un periodista local, cuya prima cayó en las garras de los padrotes, comprobaremos cómo actúa la red de confidentes de los padrotes, los denominados “halcones”. Tan pronto cómo detectan nuestra presencia, mientras observamos coches de lujo y ostentosas casas californianas de cristales opacos, la Policía hace acto de presencia. No para protegernos, sino para expulsarnos de la zona. Son muchos activistas quienes denuncian el silencio cómplice de las autoridades.  “No es la primera vez que aquí se lincha a un periodista”, asegura nuestro acompañante.

Regresamos a México DF para descubrir el barrio de La Merced, semillero de padrotes, el barrio de prostitución más grande de toda América Latina donde 3.500 meretrices ejercen en cada esquina. Acompañados de Enrique, el padrote nos explica cómo golpeaban a las niñas si no traían dinero suficiente.

“Haber trabajado más”, se justifica este proxeneta arrepentido que pasó 18 años entre rejas. Hoy Enrique se ha refugiado en la religión para tratar de revertir su oscuro pasado. El destino le ha tendido una broma cruel: un padrote amenaza ahora a su propia hija.

 

 

 

 

 

Publicación

23 de septiembre, 2016

Créditos

  • Reportera Tirma Pérez Escuredo
  • Imagen Miguel Martín
  • MontajeSergio García Forneiro
  • Producción Laura Martínez
  • MúsicaExtreme Music / José Villar

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