Sobrevivir a AuschwitzPolonia conmemora el 72 aniversario de su liberación

Del millón de personas que llegaron al campo de concentración nazi apenas sobrevivieron 230.000

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Eugenia Unger nació en Varsovia en 1926, en el seno de una familia judía de seis miembros. Los Rotsztejn eran papá, mamá y cuatro hermanos,pero al fin de la Segunda Guerra Mundial sólo quedó viva ella. Pesaba menos de 27 kilos y había pasado por el gueto y por varios campos de concentración. Había cargado piedras y comido ratas y bichos para sobrevivir. Ahora, a sus 90 años, sentada en una butaca de su casa en Argentina echa la vista atrás y alza la voz con ira porque el horror del Holocausto no se olvida.

La invasión de Polonia por los nazis comenzó sin previo aviso el 1 de septiembre de 1939 y duró poco más de 26 días, tras los cuales el régimen de terror contra el pueblo judío se desató. Una de las primeras acciones nazis fue obligar a más de 400.000 judíos a vivir en el gueto de Varsovia, un espacio de muerte que los nazis cercaron con alambres de púa y un muro de 3 metros de altura. La vida en el gueto fue el primer escalón al infierno: la falta de comida, de higiene y las enfermedades mataban de forma lenta a todos aquellos que no eran deportados a campos de concentración.

“Yo tenía unos primitos de 5 añitos a los que les llevaba una sopita caliente y un día cuando llegué uno se había comido la mano de otro, del hambre que tenían. Al día siguiente murieron”, recuerda con sufrimiento Eugenia.

Otros, sin embargo, preferían morir luchando. En el gheto de Varsovia se formó y desarrolló una de las mayores Resistencias judías, los protagonistas del llamado “Levantamiento del gheto” que, terminó con la destrucción total del lugar.

“Todos los judíos nos refugiábamos en los búnkeres como ratas, nos faltaba oxígeno. Una mujer no tuvo más remedio que asfixiar a su bebé de 9 meses para que sus llantos no nos delataran”.

Miles de judíos prefirieron morir quemados y asfixiados en los búnkeres antes que caer en manos de las SS. Cuando las tropas del Tercer Reich arrasaron el gueto, de los más de 56.000 judíos capturados, 7.000 fueron fusilados y el resto enviados a campos de concentración. Eugenia viajó junto a su madre en el último tren a Auschwitz. Una vez allí, los alemanes le destinaron a Birkenau,  el campo de concentración más cruel de los tres que formaban Auschwitz:

“Fue un infierno, me quitaron la ropa, me tatuaron un número en el brazo, me raparon el pelo a cero y nos metieron a todas en una barraca. Pensábamos que eran hombres”, confiesa Eugenia aturdida por el recuerdo.

Unos días antes de que los Aliados llegasen a Auschwitz, las SS organizaron las llamadas ‘Marchas de la Muerte’. Más de 60.000 prisioneros fueron trasladados caminando al corazón del Tercer Reich para evitar que sirviesen como prueba de lo que había estado sucediendo en los campos del horror: el Holocausto.

La pesadilla de los prisioneros nazis parecía no tener fin y, para muchos, no lo tuvo porque a pesar de que los Aliados ganasen la guerra, el éxodo del pueblo judío no había hecho más que comenzar. Cuando en 1945, los Aliados ganan la guerra, los judíos supervivientes fueron alojados en campos de refugiados mientras se buscaba una solución para ellos. En el caso de Eugenia, vivió tres años como refugiada en Italia donde conoció a su marido y con el que tuvo 2 hijos. Unos años después, la familia emigró a Argentina donde aún viven.

Publicación

6 de diciembre, 2016

Créditos

  • Reportero e imagenIgnacio Visciglia
  • MontajeMaría Merino
  • Producción Laura Martínez

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